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25 de Mayo, 2007“Quien no vota no tiene derecho a quejarse”. Este dicho no lo sentenció ningún filósofo, sino que nació espontáneamente en la sociedad española durante la transición, después de muchos años sin poderse votar. Y no le falta razón al primer anónimo español que lo dijera.
Frente a quienes piensan que ni somos ni debemos ser iguales en derechos, no hay democracia si no hay igualdad de voto. Pesa lo mismo la papeleta que meta en el sobre un gran promotor inmobiliario que la de un estudiante que acaba de alcanzar la mayoría de edad.
Es cierto que quien no vota no tiene derecho a quejarse porque, cuando gana la opción que apoya, tiene derecho a requerir exigentemente el cumplimiento del contrato supone el Programa electoral. Y cuando pierde, al menos ha dado su voto para evitarlo. Quien no vota no puede decir lo mismo.
El voto es el derecho que nos convierte en ciudadanos, ya que sin él sólo seríamos, como mucho, súbditos. Con el voto tomamos colectivamente el timón de nuestras ciudades, nuestras Comunidades Autónomas, nuestro país y ya hasta nuestro continente. Los gobernantes no son más que nuestros delegados, y están obligados a rendirnos cuentas en las siguientes elecciones.
Las elecciones son eso: la rendición de cuentas de los gobernantes, y la adopción de un acuerdo social entre los ciudadanos para orientar cómo queremos que los gobernantes trabajen para nosotros. Y ello requiere que los gobernantes sean transparentes ante nosotros los ciudadanos.
El domingo nos toca hacerlo. Nos toca votar.
Nos toca decidir si queremos ser ambiciosos con nuestra ciudad, como se fue hasta hace cuatro años con la remodelación de barrios, el gran Teatro del Bosque, el embellecimiento de nuestras avenidas y nuestras fuentes, la red de centros socioculturales, el crecimiento (ahora interrumpido) de la red de Escuelas Infantiles y Casas de Niños, la creación de nuevas grandes zonas verdes como El Soto, Finca Liana, el parque lineal de Los Planetas, etc.
Nos toca decidir si queremos que se nos presente como única gestión la continuación de de la remodelación de barrios que se inició en 1979, cuando la primera corporación democrática se encontró con que con la gestión del gobierno de derechas había barrizales donde debía haber calles. O si queremos devolver Móstoles a los ciudadanos, donde los vecinos seamos el centro de atención política y no los grandes propietarios de suelo rústico.
Nos toca decidir si queremos que el Ayuntamiento vuelva a ponerse a disposición de los ciudadanos, o si queremos que siga estando a disposición de las cuentas de resultados de grandes empresas inmobiliarias o contratistas.
Móstoles es un pueblo de trabajadores, y nos toca decidir si nos queremos gobernar a nosotros mismos, o si nos consideramos incapaces y preferimos que sigan haciéndolo quienes en nuestros empleos son nuestros jefes o los propietarios de las empresas para las que tenemos que trabajar, o sus más fieles vasallos.
Nos toca, en fín, decidir si queremos que el Presidente de nuestra Comunidad autónoma siga siendo una aristócrata, o si queremos que sea alguien normal como nosotros. Si queremos que la Comunidad cumpla las obligaciones que tiene ante la sanidad y la educación públicas, o si queremos que sea un instrumento pagado por todos pero para maximizar los beneficios de la educación y la sanidad privadas, de una minoría. Si queremos que la vivienda siga siendo un negocio, o si queremos que sea tratada como un derecho, si queremos que sea un derecho sólo sobre el papel, o si queremos que sea un derecho exigible.
Nos toca decidir si queremos que Móstoles y la Comunidad de Madrid sean sólo gestionadas al servicio de los negocios de unos pocos, y los demás conformarnos con las migajas que se les caigan, o si queremos retomar la transformación en beneficio de la mayoría.
Porque, no nos engañemos, sólo las dictaduras niegan que haya dos maneras de hacer las cosas en política. Y nos toca elegir entre ambas maneras.
Vota. En el Partido Socialista tienes la mejor opción. Otorgadnos vuestra confianza y no os defraudaremos.



